Wednesday, January 4, 2012

Chapter 2 of the Mozote Massacres

Capítulo 2. Los escapes de Juan Bautista

Así era el caserío El Mozote antes de la masacre. Sus habitantes –alrededor de 300- vivían de cultivar la tierra y de la comercialización del henequén.

Juan Bautista no era un hombre feliz aquella mañana del 9 de diciembre de 1981. Consternado por la bomba que había estallado en el caserío, y por los llantos de los familiares del niño y del anciano a quienes esta había afectado, acababa de entrar al terreno de la familia Márquez, en donde quería resguardarse su madre, y es posible que algo le afligiera por dentro. Juan Bautista, entonces con 40 años y la piel más despegada de los huesos, presintió que competiría en una carrera desigual contra la muerte.
Pocos días tenía Juan Bautista como refugiado en El Mozote, un caserío grande y poblado, con un llano en el centro, con cancha de fútbol en las afueras, con escuela, parroquia y un cerro centinela llamado “La Cruz”, que fingía protegerlo todo. A todos. Estaba ahí porque donde vivía, en otro caserío cercano llamado Los González, un soldado patrullero le había aconsejado que huyera, porque se asomaba una nube ofensiva contra la guerrilla y contra todos aquellos que colaboraran con los compas.
Juan Bautista, que sabía que eso de “colaborar” dependía del momento y de la orden del colaborado, se enojó. A su hermano, Nicolás, que había colaborado –en realidad había sido soldado de cuartel, hecho y derecho-, se lo habían matado un año antes, el 30 de septiembre de 1980, otros soldados como Nicolás. “Lo mataron y a mí no se me olvida”, dice Juan. ¿Y por qué lo mataron? Porque sospecharon que era guerrillero. “¿Qué tipo de guerrillero sería este que mataron?”, se pregunta Juan, todavía con rabia, y describe a su hermano: ex comandante con carné y con permiso para portar arma, porque los comandantes de otras épocas podían andar armados.
El 30 de septiembre de 1980, frente a la alcaldía de Jocoaitique, un poblado también escondido entre las montañas de Morazán, pero al sur de El Mozote y del otro lado de la calle negra, una sospecha mató a Nicolás, porque como colaboraba con la guerrilla…
Alguna vez sospecharon los guerrilleros de Juan Bautista, porque él también, 20 años más joven, había prestado servicio militar, y portaba un salvoconducto del cuartel de San Francisco Gotera, que más de alguna vez lo había sacado de más de algún apuro con los soldados, a quienes les temía más - después de lo de su hermano- que a los guerrilleros, que le ganaron confianza cuando vieron que Juan Bautista, en lugar de soplarlos, les avisaba por dónde se movía la tropa militar, cuando esta pasaba cerca de Los González.
Así que tras la advertencia de aquel soldado patrullero, sin colaboración de guerrilleros ni de soldados, Juan Bautista armó sus maletas, cargó a su familia y se fue a refugiar a El Mozote.
Y Juan Bautista no fue el único forastero que llegó a El Mozote en esos días.
Entre los huecos que dejaban las montañas se había colado un viento que decía que a un comerciante, llamado Marcos Díaz, colaborador del ejército, los soldados le habían dicho que si la gente de los cantones y caseríos aledaños se aglutinaba en El Mozote, no les pasaría nada. Muchos llegaron entonces, como Juan Bautista, con la diferencia de que muchos, muchísimos, ahí se quedaron para siempre.
Ese 9 de diciembre de 1981 lo cambió todo para Juan Bautista, que vio en ese bombazo que reventó en el caserío una revelación: había que huir de nuevo, hacia cualquier otra parte que estuviera alejada de las balas y las bombas.
A El Mozote esa bomba no le tocaba, pero le cayó, porque alguien calculó mal la distancia del objetivo, que estaba en otro caserío ubicado a dos kilómetros, llamado El Portillón, donde soldados y guerrilleros se disparaban a muerte. El operativo Yunque y Martillo de la Fuerza Armada había iniciado. Y Juan, que tenía buen oído, entendió que aquel tronar de las balas y la explosión de las bombas, que se escuchaban cada vez más fuertes y más cercanas, eran el pitazo de salida para largar a toda prisa en la primera de sus guindas.
—¡Tenemos que irnos, mamá! –le dijo Juan Bautista a Isabel Argueta, de 60 años.
—Andate vos, hijo, para que te defendás vos y a esos niños. A mí me venís a buscar ahí por la casa donde el compadre José María –le dijo, quizá porque creía que en El Mozote no ocurriría nada.
José María era el hermano de Santos Márquez, ese hombre de 40 años que recién había viajado a Lourdes, Colón, para despedirse -para siempre y sin saberlo- de su hijo mayor, Orlando, que se había ido a vivir hasta allá para huir de la guerra.
Atribulado por la decisión de su madre, Juan Bautista se despidió y caminó bajo un árbol de manzano antes de alejarse de los terrenos de la familia de los dos hermanos Márquez. Allá, lejos, en el monte, lo esperaban su mujer y sus seis hijos.
***
Juan Bautista hoy tiene 72 años y vive en la comunidad Segundo Montes de Morazán. En El Mozote cultiva maíz y vende lazos de atar, a un dólar. Los lazos son de fibra de henequén, un cultivo que cayó en desuso después de la guerra.
A 30 años de distancia debería ser motivo de llanto el revisar las colecciones de los diarios de esa época y caer en cuenta de que esta historia nunca existió.
“Inició ayer operación de contrainsurgencia la F.A. (Fuerza Armada)”, tituló el matutino La Prensa Gráfica en un amplio reportaje que apareció publicado el 9 de diciembre de 1981.
La nota hablaba de la toma de Morazán por parte del ejército, del control de la zona, de la prohibición del acceso a la Cruz Roja salvadoreña y otras entidades de servicio humanitario para evitar “cualquier lamentable hecho desagradable”.
“Lo más violento de las operaciones podría llegar en las próximas horas, ya que la tropa sigue su marcha en busca de contacto con los grupos terroristas escondidos en tatus, bosques y montañas del departamento de Morazán, según revelaron fuentes militares”, imprimió el matutino.
Un cable emitido un día antes por la United Press International le puso nombre al comando que dirigiría el operativo:“Fuerzas del gobierno, encabezadas por soldados entrenados por los Boinas Verdes norteamericanos, iniciaron una ofensiva contra los guerrilleros en del departamento de Morazán (…) contingentes de las provinciales capitales de San Miguel, La Unión y Usulután, así como la Brigada de Infantería Atlacatl, adiestrados por los Boinas Verdes fueron los asignados a la ofensiva”.
¿Cuántos ojos habrán leído estas notas, sin imaginarse que en los bosques y las montañas quienes correrían para esconderse eran decenas de Juanes Bautistas? ¿Quién habrá imaginado que en nueve poblados de Morazán serían niños, en su gran mayoría, los “terroristas” con los que fieros soldados habrían de entablar combate los días que le sucedieron al 9 de diciembre de 1981?
El 9 de diciembre podría ser recordado, entonces, como el día en el que un fantasma vagó tan lejos como pudo para alejarse de los ojos de los soldados, que sin saberlo él ni ellos, a cada hora le cercaban más el paso. ¿Quién iba a imaginarlo? Ni él lo imaginaba, pero la noche del 9 de diciembre, en el caserío El Hormiguero, del cantón La Joya, ubicado al sur de El Mozote, sería su última noche en paz.
***
Sus hijos apenas y podían conciliar el sueño con todas las detonaciones que se escuchaban cada vez  más cerca, la noche del 11 de diciembre de 1981. Por primera vez, Juan Bautista andaba cabizbajo y deprimido, con el pensamiento puesto en El Mozote, donde había dejado a su mamá. No reaccionaba, y si dos días antes había salido corriendo de allá, por culpa de las balas que sonaban demasiado cerca,  ahora no hacía nada, solo esperar y esperar que algo ocurriera.
Por suerte para él y para su familia, lo que ocurrió es que otro sobreviviente, que sabía del paradero de Juan Bautista, arriesgó la vida para venir a advertirle que los soldados acababan de arrasarlo todo en el caserío El Potrero, del cantón La Joya. Y ahora marchaban en dirección hacia El Hormiguero.
—Como ellos sabían que solo yo andaba bastantes niños, llegaron a sacarme de la casa y me dijeron: “Mire, don Juan, levántese y vea para dónde se va porque a nosotros ya nos mataron toda la familia, toda la gente de El Potrero”  –recuerda Juan.
A las 10 de la noche del 11 de diciembre de 1981, Juan Bautista corrió de nuevo, hacia el monte, junto a su familia. Antes de desaparecer entre los matorrales que mordían una cumbre, Juan Bautista se detuvo y retrocedió la vista solo para contemplar que los cerros que escondían al cantón La Joya y a El Mozote se habían transformado en diminutos volcanes que escupían humo.

Las Massacres de El Mozote Chapter 1

The following is a documentary on the Mozote Massacres written by Daniel Valencia Caravantes published by ElFaro.

Capítulo 1. Los huesos
Idalia, la nieta de Orlando Márquez, está hipnotizada por la pantalla del televisor, sentada en una silla plástica, con las piernas dobladas. Idalia tiene seis años y se entretiene con una carrera de atletismo en una casa perdida entre las montañas del oriente de El Salvador. Detrás de la niña, en otra silla, descansan dos de sus bisabuelos y tres de sus tíos. El televisor transmite la edición 16 de los Juegos Panamericanos que se celebran en Guadalajara, México. Es la segunda semifinal de los 200 metros planos y la velocista cubana Nelkis Casabona está en posición de salida. Nelkis arranca y corre, corre y corre hacia la meta… 24 segundos después, las cámaras la muestran caminando con los brazos que le cuelgan aguados a los costados, mientras el estadio estalla en aplausos. La habitación donde están Idalia y sus dos bisabuelos y sus tres tíos también estalla en aplausos, pero la única que aplaude es Idalia, porque sus bisabuelos y sus tíos están muertos.
Es la tarde del miércoles 26 de octubre, y Míriam Núñez, la esposa de Orlando Márquez, toma entre sus manos a los dos bisabuelos y a los tres tíos de Idalia, que descansan en la silla de atrás, dentro de un saco de yute. Abandona la habitación y sale hacia un pequeño patio contiguo a una pequeña casa con paredes de concreto. Después regresa por la silla. Pone el saco sobre la silla y lo abre. Adentro hay dos bolsas plásticas. Toma la más grande y la coloca en este suelo donde hace un año cavaron las bases de su nueva casa.
—Yo le insistí a Orlando que construyéramos aquí, y mire: nunca imaginamos. Fue como si quisieran que los encontráramos -dice Míriam.
Quienes parecieran desear que se les encontrase son los bisabuelos Santos y Agustina, y los tíos José, Edith y Yesenia. Míriam explora el saco y las bolsas dentro del saco.
—Mire –dice, al mostrar el contenido. Hay huesos largos, huesos color café, huesos terrosos, huesos porosos, huesos quemados… Hay también pedacitos de huesos tan pequeños como una canica. O quizá más pequeños. Pone una bolsa en el suelo y saca retazos de ropa: de camisas, de pantalones, de vestido, sandalias de mujer,  zapatitos de niña…
—Mire –repite, mientras su mano saca más de los bisabuelos y tíos de Idalia. Aparecen unos jirones de tela quemados y en la bolsa más pequeña una dentadura pegada a una quijada. También hay dientes: mínimos y de color café.
—Aquí los tenemos, mire: aquí están los restos de mi suegra y de mi suegro, y de los hermanos más pequeños de mi esposo –dice Míriam, mientras coloca un hueso sobre otro, encima de la silla en donde antes descansaban.

Los huesos de la familia Márquez aparecieron el 12 de noviembre de 2010, luego de que un albañil cavara una zanja en donde se levantaron las bases de una casa de concreto.


Los huesos de la familia Márquez aparecieron el 12 de noviembre de 2010, luego de que un albañil cavara una zanja en donde se levantaron las bases de una casa de concreto.
* * *
Orlando Márquez presintió que aquella sería la última vez que charlaría con Santos, y por eso platicaron y platicaron y platicaron, hasta que se dieron cuenta de que el autobús había ingresado a San Martín, un municipio alejado varios kilómetros al oriente de la terminal de buses en donde Orlando tuvo que haberse bajado, en San Salvador.
Una de las dos cosas que recuerda Orlando de aquella larga y última charla que sostuvo con su padre, el domingo 29 de noviembre de 1981, fue el consejo que Santos le dio para administrar mejor el dinero.
—Ahorrá. Te va a servir en el futuro –le aconsejó.
—Es mi gusto darle estas cosas... Ahí también van unos cortes para usted –respondió el hijo, mientras enumeraba los regalos que iban en la bolsa: ropa interior para su mamá, vestidos para sus hermanas y zapatos para su hermano.
Orlando también intentaba persuadir a Santos, una vez más, de que sacara a la familia de El Mozote, un caserío escondido en las montañas del norte de Morazán, en el municipio de Arambala.
—Yo sí quisiera venirme, hijo –le dijo Santos a Orlando-. Pero tu mamá quiere quedarse allá, y si tu mamá quiere quedarse, entonces yo me quedo con ella.
—Vénganse conmigo, papá. Aquí es más seguro –insistió Orlando.
—Vamos a ver qué dice tu mamá.
* * *
Orlando Márquez había huido de El Mozote a los 22 años. Era 1980 cuando supo que le temía a cuatro cosas: que lo reclutara el ejército, que lo reclutara la guerrilla, que lo matara el ejército o que lo matara la guerrilla. No había nada claro en las montañas de Morazán para esa época, excepto que no había grises, solo blanco o negro. Entonces o se era de un bando o se era del otro; se colaboraba con uno o con los dos; o se huía de los dos.
Orlando Márquez escogió la última de las opciones y decidió probar suerte muy lejos, porque lo último que quería era terminar cargando un fusil, o que lo terminaran cargando a él, muerto, cuando él ya había cargado demasiados cuadernos. Orlando Márquez no estaba hecho para la guerra.
En los dos años siguientes visitó solo dos veces a su familia, porque el norte de Morazán era un territorio lleno de ojos desconfiados, escondidos en cada esquina y en cada cerro. Subir era un calvario peligroso. En aquellos días, las sospechas y sus portadores con frecuencia terminaban aniquilados antes de convertirse en certezas.
Alejado un centenar de kilómetros, y para agilizar sus trámites laborales, Orlando había cambiado el domicilio que registraba su cédula de identidad. En el documento decía que era originario de El Mozote, Morazán, pero que vivía en Lourdes, Colón, La Libertad.
En aquellos años, la calle negra, como le llaman aún a la calle asfaltada que nace en San Francisco Gotera, la cabecera departamental, y termina en Perquín, un pueblo encumbrado entre pinos y cipreses, era la única ruta directa para llegar a cualquier parte del norte del departamento, fronterizo con Honduras. Todos los que subían en autobús (como los que caminaban o iban en sus propios transportes) tenían que identificarse en tres retenes militares distribuidos a lo largo de esa carretera. En esos retenes había soldados malencarados que manipulaban unas listas infestadas con nombres. Para el ejército, Morazán era cuna de subversivos y había que hacer de todo para encontrarlos y exterminarlos, como muy bien lo sabían hacer los regímenes de la época, con todos aquellos que no comulgaban con la bota y el fusil, fueran guerrilleros o no.
En el último viaje que hizo a El Mozote, en enero de 1981, un soldado le cuestionó a Orlando esa incongruencia en su cédula, y aunque las preguntas no pasaron a más, Orlando temió que en un futuro la sospecha fuera más fuerte que cualquier explicación. Lo mismo pensó que le podría ocurrir si el documento lo revisaba una patrulla guerrillera. “Cualquiera podía decir que yo era oreja y ahí no más hubiera terminado”, dice.
10 meses después de su última visita a El Mozote, fue Santos quien viajó a la inversa para visitarlo. Compartieron un fin de semana hasta que se despidieron en la parada del poblado de San Martín.
Semanas después, el 23 de diciembre de 1981, a la casa de Orlando llegó un telegrama. Una vieja amiga de la familia le pedía que se presentara a la caseta telefónica del pueblo, a las 6 de la tarde del siguiente día, para recibir una noticia. El telegrama era de carácter urgente.
A la 6 de la tarde de esa Nochebuena Orlando contestó una llamada y al otro lado la mujer solo lloraba y lloraba.
—¿¡Qué ha pasado, pues!? –preguntó Orlando a la mujer, cuando se cansó de tanto llanto.
La amiga se recompuso y le dio la noticia:
—¡Pídale fuerzas a Dios, Orlando, porque a su familia ya no la volverá a ver!
Orlando guardó silencio mientras el cuerpo se le congelaba.
—Han matado a todos en El Mozote, les han rociado gasolina y les han prendido fuego.
Orlando sintió como que abandonaba este mundo. 
Orlando Márquez no regresó a la casa de sus padres sino hasta 12 años después, en 1993, un año después de finalizada la guerra. Se sorprendió al ver que El Mozote se había convertido en un pueblo fantasma: sin gente, sin casas, con matorrales tan altos como él. Cuando llegó al terreno de sus padres solo encontró un par de paredes quemadas y pequeños recuerdos de otra época: el tizón para marcar ganado, algunas vasijas quebradas de su madre...
Acongojado, regresó hasta su comunidad, en Lourdes.
Pero en el año 2000 le llegaron nuevas noticias sobre El Mozote. En el pueblo había cada vez más repobladores y él decidió ir a proteger el terreno de su familia con cercos y alambres. Con el tiempo se cansó de poner el cerco y encontrarlo meses después arrancado. Jubilado, decidió instalarse por temporadas largas, que intercalaba con viajes frecuentes a Lourdes, donde lo esperaban su esposa e hijos.
Cinco años más tarde las noticias viajaron a la inversa. Lourdes cambió demasiado y la colonia donde vivía su familia se había convertido en un territorio controlado por la Mara Salvatrucha, una de las pandillas más violentas del mundo. Míriam le contaba que a los compañeros de colegio de sus hijos los estaban asesinando, le dijo que a veces, en las noches, se escuchaban gritos desgarradores, como de gente torturada. Un amanecer, después de una noche de gritos, Míriam supo que cerca de la colonia apareció la cabeza decapitada de una  mujer.
Fue entonces cuando Orlando decidió que la nueva familia Márquez repoblaría también El Mozote, el lugar del que había huido por culpa de una guerra, el lugar al que regresaría para refugiarse de otra.
***
Míriam Núñez deja los huesos en la silla y se dirige con paso veloz al cuarto en donde su nieta sigue viendo las carreras. A la casa ha llegado un visitante, Juan Bautista Márquez, un pariente lejano de su esposo, Orlando. Segundos después regresa emocionada, con otra bolsa, más pequeña que todas las anteriores.
Es la primera vez que Míriam ve a Juan; un viejo pequeño, blanco y flacucho que carga en la cabeza un sombrero, en el hombro izquierdo un maletín y en la mano una cuma.
Antes de que Míriam fuera a traer la bolsa, ambos habían caído en la misma conclusión respecto a la dentadura que había sacado del saco. Según Juan, esa dentadura tenía que ser del finado Santos, porque era muy grande para ser de un niño y porque no podía ser la de Agustina, dado que él la conoció bien como para saber que esos no eran sus dientes. Míriam asintió y le pidió que esperara. Luego regresó con la otra bolsa y sacó de ellas dos dentaduras postizas en perfecto estado.
—Esta es la dentadura de mi suegra –dijo Míriam.
—¡Esa sí, mire! Yo la conocí bien a la finada Agustina, porque le venía a comprar cuajadas. Todavía tiene los dientes de oro, mire… ¡Qué barbaridaaad!
Juan Bautista contempla la dentadura y los huesos y aunque esta no es la primera vez que mira a un amigo resumido en ese estado, el impacto es tan poderoso como para que todo le siga pareciendo increíble. “¡Qué barbaridaaaad!”, repite, mientras se frota la frente.
Orlando Márquez aparece luego: alto, grueso y moreno. Juan Bautista se le acerca a Orlando en silencio, y  cuando Orlando termina de hablar, el viejo le pide que ahora lo escuche a él, porque hay algo que nunca le ha contado.
—Yo vine aquí, Orlando. Yo vine después de las masacres, pero no vi nada Orlando. Quise venir a ver porque yo los conocía a todos ellos. Eran los compadres de mi papá. Aquí venía a comprar azúcar y cuajadas de la finada Agustina. ¡Viera qué cuajadas hacía! Pero es que no se aguantaba la hedentina, Orlando.  Y eso me imposibilitó…
Juan Bautista sigue hablando con Orlando Márquez pero lo que le cuenta es apenas el final de muchos escapes que tuvo que hacer para salvarse del Batallón Atlacatl, una unidad élite del ejército salvadoreño entrenada en Estados Unidos, que en cuestión de tres días aniquiló a un millar de personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños en siete caseríos del norte de Morazán, en diciembre de 1981.
Y esa, la carrera de Juan Bautista contra la muerte, inicia y termina justo en esta meta, bajo la sombra del árbol de manzano que custodia el terreno y los huesos de la familia de Orlando Márquez. Pero para conocer todo lo que Juan Bautista recorrió, vio y escuchó, habrá que regresar en el tiempo, 30 años hacia atrás, al inicio de todas las masacres de El Mozote.

Monday, December 12, 2011

U.S. Supreme Court Has Agreed to Rule on State Immigration Laws

     The United States Supreme Court agreed today to rule on the issue of State immigration laws, particularly Arizona's, which targets illiegal immigrants. Arguments for this case are expected to begin in April and the case will be known as  Arizona v. U.S., 11-182.

    The following is a detailed report from the Gainesville Times concerning this case:

WASHINGTON (AP) -- The Supreme Court agreed Monday to rule on Arizona's controversial law targeting illegal immigrants, setting the stage for an election-year decision on an issue that is already shaping presidential politics.
    The justices said they will review a federal appeals court ruling that blocked several tough provisions in the Arizona law. One of those requires that police, while enforcing other laws, question a person's immigration status if officers suspect he is in the country illegally.
    The Obama administration challenged the Arizona law by arguing that regulating immigration is the job of the federal government, not states. Similar laws in Alabama, South Carolina and Utah also are facing administration lawsuits. Private groups are suing over immigration measures adopted in Georgia and Indiana.
The court now has three politically charged cases on its election-year calendar. The other two are President Barack Obama's health care overhaul and new electoral maps for Texas' legislature and congressional delegation.
    Justice Elena Kagan will not take part in the Arizona case, presumably because of her work on the issue when she served in the Justice Department.
    Arguments probably will take place in late April, which would give the court roughly two months to decide the case.
    Some 12 million illegal immigrants are believed to live in the United States, and the issue already is becoming a factor in the 2012 campaign. Republican Sen. John McCain said recently that large Hispanic populations in his home state of Arizona and elsewhere are listening carefully to what Republican candidates have to say on immigration.
    The immigration case before the Supreme Court stems from the Obama administration's furious legal fight against a patchwork of state laws targeting illegal immigrants.
Arizona wants the justices to allow the state to begin enforcing measures that have been blocked by lower courts at the administration's request.
    The state says that the federal government isn't doing enough to address illegal immigration and that border states are suffering disproportionately.
    In urging the court to hear the immigration case, Arizona says the administration's contention that states "are powerless to use their own resources to enforce federal immigration standards without the express blessing of the federal executive goes to the heart of our nation's system of dual sovereignty and cooperative federalism."
    Reacting to the court's decision to hear the case, Republican Gov. Jan Brewer said, "This case is not just about Arizona. It's about every state grappling with the costs of illegal immigration."
Many other state and local governments have taken steps aimed at reducing the effects of illegal immigration, the state says.
    The administration argued that the justices should have waited to see how other courts ruled on the challenges to other laws before getting involved. Still, following the court's announcement Monday, White House spokesman Jay Carney said, "We look forward to arguing our point of view in that case when the time comes."
     Brewer signed the immigration measure, S.B. 1070, into law in April 2010. The administration sued in July to block the law from taking effect.
     In April, a three-judge panel of the 9th Circuit U.S. Court of Appeals in San Francisco upheld a federal judge's ruling halting enforcement of several provisions of the Arizona law. Among the blocked provisions: requiring all immigrants to obtain or carry immigration registration papers; making it a state criminal offense for an illegal immigrant to seek work or hold a job; and allowing police to arrest suspected illegal immigrants without a warrant.
     In October, the federal appeals court in Atlanta blocked parts of the Alabama law that forced public schools to check the immigration status of students and allowed police to file criminal charges against people who are unable to prove their citizenship.
Lawsuits in South Carolina and Utah are not as far along.

Thursday, December 8, 2011

FMLN Supports the Increase in Troops but Not the Bill to Send Them to Afghanistan

    When the FMLN came into power they originally opposed the idea of a large Armed Forces. In fact, after the signing of the Peace Accords in 1992, the FMLN worked to reduce the number of Armed Forces. By the time that President Funes came into office, the number was down to 11,000 (El Faro). However, during his time in office Funes and his administration has passed three budget increases for the Ministry of Defense, which has allowed the number of Armed Forces to increase by 57%. At an additional $25 million a year, the Funes administration has allocated 6,300 seats in the armed forces so that it now totals roughly 17,000 soldiers. The increase is only expected to continue as the projected budget for the Ministry of Defense in 2012 is $144,000,000-a $29.4 million increase. The reason for the increase in the 2012 budget is that the Funes administration plans to hold a massive national recruitment aiming to recruit 5,000 at risk youth to send to "Citizen Education Centers" where they will be trained and receive a monthly stipend. When asked at what point will the government stop recruiting, the response was about 22,000, which will be double of what the Funes administration inherited and about 1,000 more than the National Civil Police.
    According to the former Minister of Defence David Munguia Payes, the reason for the increase in soldiers is to strengthen the National Civil Police in combating crime. The soldiers will be responsible for surveillance at penitentiaries and patrolling areas of high homicide rates throughout the country.
    Although the FMLN party is promoting military growth, they are not willing to support the decree to send more troops to Afghanistan. The previous decree expired in October of 2011 and the legislative body has developed a new one that will last until October of 2012. However, the FMLN party refuses to support it on grounds that "El Salvador has 'a moral obligation to the United Nations' because the international body helped El Salvador in the peace process" (El Mundo). The FMLN insists that Afghanistan is a country in conflict and by sending troops over they will be violating its sovereignty. The FMLN has always been opposed to infringing on another county's soveriengty, an example being Iraq (E.S. troops were stationed from 2003-2009). On the other hand, they are in favor of sending troops where there are signs of a peace process such as Haiti and Lebanon.
    Unfortunately for the FMLN, like with the Iraq situation, they were out voted. The WIN, PE, CN and ARENA parties voted in favor of the new decree that will send additional troops to Afghanistan until October 13 of 2012, totalling 43 votes against the 31 FMLN(La Prensa Grafica).
    The exact mission and number of soldiers to be sent will be determined by the Executive on a later date when he deems necessary.